Roberto Vigil presentó en 2025 su Trabajo Fin de Grado: el diseño de un brazo robótico concebido para funcionar como prótesis de mano. Meses después, ya este año, ese proyecto recibió el premio al Mejor TFG de Ingeniería de la Universidad de Cantabria. Para entonces, Roberto llevaba ya un tiempo formando parte del equipo de Celestia TST.
La idea no salió de un catálogo de proyectos. Fue una propuesta suya. "Siempre me ha apasionado la integración de la ingeniería en el ámbito de la salud", explica. Las líneas de trabajo disponibles no le convencían, así que planteó a su tutor diseñar él mismo una prótesis de mano, consciente de que no sería sencillo.
El mayor reto llegó con las articulaciones. Roberto probó más de diez prototipos hasta dar con un mecanismo viable. "Imitar la complejidad y la eficiencia de los mecanismos biológicos en una máquina es una tarea muy complicada", resume. El resultado fue un prototipo que integra la base mecánica y la electrónica necesarias para mover los dedos, con un sistema de control capaz de agarrar objetos y hacer gestos.
Hoy ese talento está en Celestia TST. Roberto forma parte del departamento de mecánica, donde da soporte a proyectos activos mientras se forma también en desarrollo de hardware. Lo que le trajo, cuenta, fue la posibilidad de trabajar en una empresa que desarrolla producto de forma vertical, del concepto a la producción.
Ese perfil, ingeniería joven que resuelve problemas reales de personas, es el que Celestia TST lleva casi dos décadas incorporando. Diecinueve años fabricando hardware IoT en Europa dan para acumular tecnología, sí, pero sobre todo para rodearse de gente capaz de diseñarla.